Hay un punto en común entre lo que está presente en nuestro imaginario árabe y lo que figura en el imaginario español, y es que al-Andalus terminó en la historia, pero continúa en el imaginario y en la cultura popular, en la medida en que el español, quiera o no, conlleva en su identidad una parte de lo que es andalusí musulmán. Y tal como dijo “Gertrude Stein”: “bajo la piel de un ruso encontrarás a un tártaro y bajo la piel de un español, a un musulmán”, y esto a veces crea una confusión dentro de esta identidad, incluso emociones perplejas y sentimientos contradictorios, en torno a al-Andalus y la civilización islámica, e incluso en torno a los musulmanes que representan la extensión natural, biológica y religiosa de esta civilización. Son sensaciones en las que no hay mediación; el español ama a los musulmanes sin fronteras o los odia sin límites, incluso para algunos esta confusión de sentimientos crea a veces sentimientos en los que se mezcla el amor con el odio, tal como encontramos en el caso de José Antonio Alarcón, quien manifestó en sus memorias sobre la guerra de Tetuán, Diario de un testigo de la guerra de África, en 1860 sentimientos hacia quienes llama “moros” que llegan a veces al grado de un amor desenfrenado y otras veces hasta el punto del repudio y el menosprecio. En el caso de otros, se crea la nostalgia de volver al tiempo andalusí, no a través de lo material, es decir la arquitectura y el arte, sino a través de lo que se mantiene vivo, o sea las personas, su lengua, su gastronomía, sus costumbres y su atuendo; lo que empuja a buscarlos en ciudades árabes donde las poblaciones andalusíes se asentaron.

La mencionada visión romántica de al-Andalus en el imaginario español fue en parte, gracias al manual escolar y la historia oficial. La investigadora María José De Madariaga hizo un estudio sobre la imagen de al-Andalus y la del musulmán a través del manual escolar español editado entre 1938 y 1990 y llegó a la conclusión de que dichos manuales expresan, en general, un odio hacia el Islam e ignoran la civilización andalusí. Y, por supuesto, el manual escolar está estrechamente vinculado a la historia oficial, cosa que se manifiesta nítidamente durante la época de la dictadura del General Franco. Lo que se denominó el estado nacional de Franco era una especie de fascismo que glorificaba a la patria y cantaba a lo que se llamaba “La España eterna” cuyos cimientos fundaron los Reyes Católicos.

El arabista español Juan Castilla, por su parte, resume su aprendizaje de la historia de al-Andalus durante su infancia de la siguiente manera: “En el año 711 d.c., los árabes conquistaron la Península Ibérica, esto fue prácticamente todo lo que se nos inculcó antes de pasar al siguiente capítulo sobre las guerras de la Reconquista, … En cuanto a lo que sucedió entre los dos períodos, no lo estudiamos, ocho siglos de existencia islámica, transcurren en silencio”. Incluso cuando surge la necesidad de detenerse en algún período de la era andalusí, el término utilizado no es Al-Andalus, sino “la España musulmana”, estrechamente vinculado a la expresión fascista “Arriba España”, sabiendo que España no existió como una entidad unificada hasta principio del siglo XVI.

El imaginario español conservó acumulaciones en torno a al-Andalus, que se impusieron en una especie de enfrentamiento permanente, a menudo dominado por una emergencia. Eventos como la guerra del Rif en contra de Abdelkrim al-Jattabi, o la participación de los marroquíes en la Guerra Civil española, convirtió a los marroquíes que participaron en ambos conflictos en una extensión de los musulmanes de al-Andalus, todos representan al “moro”, un término con una especificidad española exclusiva, que no se encuentra en ninguna otra sociedad.

Las celebraciones de “Moros y Cristianos”, que se organizan anualmente en varias ciudades y pueblos del este de Andalucía, a las que participan miles de adultos y jóvenes y que en muchos casos conducen a una cultura de intolerancia y fanatismo religioso, debido a algunas manifestaciones que desfavorecen al Islam y a la civilización andalusí, tomaron otras dimensiones con estas guerras y con otros acontecimientos posteriores como los atentados terroristas de Madrid en el 2004, explotados por la extrema derecha para aumentar su hostilidad hacia el Islam. Sucede lo mismo con la conmemoración de la caída de Granada, que tiene lugar todos los años el 2 de enero (día de entrega de las llaves de la ciudad por Boabdil a los monarcas católicos).

El discurso que sometió la historia de al-Andalus a esta ideología y benefició de la visión presente en el imaginario colectivo aprovechó la tesis que rechaza la civilización andalusí promovida, desde los años cincuenta, por el destacado historiador y político Claudio Sánchez Albornoz en su famoso libro España, un enigma histórico, en el que afirma que España ha rechazado siempre al Islam y niega que España estuviera en deuda con la civilización árabe-islámica, postura gracias a la cual España mantuvo su identidad cristiana.

Abdelouahed Akmir