La composición humana de la sociedad andalusí, representada por árabes, beréberes, mozárabes, muladíes y judíos, goza de un carácter diverso y variado… una característica que ha permitido alcanzar un grado elevado de convivencia y concordancia entre los diferentes elementos, por no decir opuestos, según la expresión del arabista español Ángel Palencia.

A pesar de las trabas y las dificultades a las que se vieron expuestos, tanto por un lado como por otro, la fusión entre todos estos componentes se consiguió y los unos aprendieron la lengua de los otros, aunque el proceso requirió de mucha paciencia, tiempo y esfuerzo. Durante el proceso de gestación, y antes de conseguir esta fusión, resulta difícil hablar de la existencia de una vida intelectual plena ya que no disponemos de fuentes que lo atestigüen, especialmente en los años inmediatos a la conquista. Ángel Palencia afirma que el pueblo español, que se sometió a los musulmanes como resultado de la conquista, no dejó vestigios de su vida intelectual durante la época de los emires dependientes. Las condiciones no eran propicias para el florecimiento de la religión y el pensamiento intelectual, a causa de los enfrentamientos y guerras que acontecían entre los conquistadores, suscitando conflictos entre una tribu y otra, entre árabes y beréberes. Además todos los conquistadores eran guerreros, lo que por sí solo basta para explicar su alejamiento de la literatura y de los asuntos intelectuales. Tampoco los que se habían convertido al Islam y se había unido a los conquistadores por lazos de parentesco requerían de una cierta formación intelectual, pues su conversión al Islam no había necesitado más que pronunciar la shahada.

Sin embargo, tras la consecución de la unión y el aprendizaje de la lengua, cultura y religión del otro, las cosas cambiarían. El orientalista Lévi-Provençal, en sus obras acerca de la cultura árabe en España, lo expresa con claridad cuando explica que la irradiación de la cultura andalusí en tierras cristianas no se detuvo tras alcanzar su máxima extensión en el siglo X d.C., sino todo lo contrario. Hasta el siglo XV d.C., la civilización andalusí siguió explorando su apogeo y su influencia alcanzó todos los rincones de la Península Ibérica y sin duda alguna, los reyes de Castilla y Aragón no hicieron nada para detener su extensión; al contrario, animaron esta irradiación y adoptaron ellos mismos las modas árabes en las fiestas de sus palacios, y recibieron con los brazos abiertos muchas de las innovaciones que les llegaron de sus vecinos musulmanes.

Esta influencia cultural alcanzaría incluso la lengua española. Muchos de los vocablos que existen hasta hoy en día en la lengua española y forman parte inseparable de la misma son de origen árabe y tienen que ver con diferentes campos tales como el sistema civil o militar y el campo artístico. Sólo por poner un ejemplo, todas las palabras españolas que empiezan por “al” son de origen árabe, tales como “almohada”, “almorávide”, “alcaide”, “Alhambra”, etc.

Por otra parte, el Dr. Abbas al-Yirari añade diciendo que: “el número de palabras de origen árabe que recogen los diccionarios de plantas, no es inferior; la mayoría de las palabras relacionadas con nombres de frutas y de flores que se plantan en España hasta el día de hoy, son testimonio de lo que ha tomado el español del árabe, directamente, en cuanto a nombres. Y la lengua francesa también está en deuda, a través del español, con la lengua árabe por un buen número de palabras…”.

Queda claro de que la composición humana de la sociedad andalusí es el fruto positivo del espíritu de libertad de culto para los no creyentes que dio como resultado un ambiente de tolerancia singular, aunque no dejó de tener alguna respuesta violenta; una tolerancia notable como una muestra de civilización y cultura que indicaba una conciencia cultural muy avanzada y también muy desarrollada en su aprecio por la convivencia hasta el extremo de llegar al parentesco y a la mezcla..”, y en el marco de esta hibridez cultural, la lengua, tanto el árabe como el latín, ensanchó su ámbito.

Las grandes enseñanzas y el espíritu de tolerancia que trajo consigo el Islam e introdujeron los conquistadores, fueron acogidos con los brazos abiertos por la población del país conquistado. Sedienta de un ambiente pacífico, la población autóctona contribuyó a la realización de muchos cambios de forma apresurada que tuvieron un impacto positivo sobre la cultura arabo-islámica. ¿Quién habría pensado que muchos cristianos dejarían su lengua para aceptar la árabe y cavar en su literatura, formando a poetas y escritores que aportarían mucho en el aspecto creativo, tanto como los árabes mismos? ¿Quién habría imaginado que la conquista árabe de la Península Ibérica, iba a conducir a la unidad de los grupos étnicos allí presentes y de los inmigrados? sabiendo además que en el territorio, antes de la conquista árabe, había entre los cristianos dos grupos, el primero comprendía a los iberos que, desde tiempos remotos, habían emigrado desde el Magreb, mientras que el segundo grupo estaba formado por los celtas que procedía de Europa. Junto a ellos, hay que añadir a las antiguas comunidades judías, a los romanos y visigodos, además de otros grupos del norte de Europa, como los normandos, los vikingos y los saqaliba quienes llegaron como prisioneros de guerra vendidos por los germanos a los musulmanes de España.

Es importante señalar que muchos de estos grupos se convirtieron al Islam, aunque ello no supuso terminar por completo con sus culturas originarias, lo que produjo una influencia positiva sobre la cultura andalusí, tanto en su conjunto como sobre cada uno de sus componentes. Además, el Islam hizo muchos cambios en la sociedad, como había sucedido anteriormente, aún cuando no todos los grupos lo adoptaron como religión. Sabemos que grupos de la sociedad española, a pesar de su rechazo al Islam como religión, siguieron viviendo con los musulmanes codo a codo, y se vieron influenciados por el Islam como estilo de vida, de la misma forma que influyeron en la vida de los musulmanes, en sus costumbres y tradiciones, en la forma de dirigir sus asuntos, dando lugar a una cultura andalusí mestiza, en la que hay elementos locales junto a otros importados, lo que le confirió una personalidad propia.

Y ya que estamos abordando la cuestión del mestizaje y del parentesco en la formación de la sociedad andalusí, es necesario mencionar el tema de los matrimonios mixtos que dieron lugar a la formación de nuevos vínculos de parentesco, algunos basados sobre los lazos de sangre y otros en la influencia cultural a través de la convivencia, como fue el caso de los muladíes, que en origen fueron resultado del matrimonio de los musulmanes llegados a al-Andalus con españolas y que llegaron a formar, con el tiempo, grandes comunidades que a pesar de imponer su lengua y cultura, adoptaron el árabe como una nueva lengua. Como resultado de esta hibridez lingüística, la cultura andalusí alcanzó su máximo apogeo en sus diversos aspectos; en sus tradiciones y costumbres, en sus modos de comportamiento, a despecho de la rápida expansión de las lenguas árabe y española, lo que contribuyó a reforzar las relaciones dentro de la comunidad andalusí, por lo que alcanzó un alto grado la convivencia entre personas que contribuyó a mejorar la libertad en sus diferentes acepciones: religiosa, intelectual y social.

Y es necesario señalar también que la libertad por la que se distinguió la cultura andalusí, en sus diferentes fases, era acompañada de una conciencia que la organizaba y la protegía frente a las luchas y conflictos provocados por algunas voces fanáticas y rencorosas.

Qasim al-Husayni, Al-Andalus: al-insan wa-l-makan [Al-Andalus: el ser humano y el lugar], Rabat, 2007.