Entre las etapas más importantes del orientalismo español, un período significante de su historia que se extiende desde principios del siglo XIII hasta finales del siglo XV. Al comienzo de este período, el rey Alfonso X formuló su proyecto orientalista, cuando ordenó el cuidado del legado musulmán, a medida que se interesó por lo que se conocerá en la historia religiosa de al-Andalus y España como  el proselitismo religioso.

A mediados del siglo XIII, como fruto de la pasión orientalista del rey, resultó la primera traducción del Corán al castellano, en lugar del latín, así como la traducción de obras literarias orientales al mismo idioma tales como Kalila y Dimna, junto a otros trabajos científicos como libros de astronomía y otras ciencias.

Imbuido por esa pasión, en el año 1254, Alfonso X fundó la escuela latina y árabe en Sevilla con el fin de enseñar la lengua árabe y las diversas ciencias vinculadas a ella, tales como la medicina, las matemáticas, la filosofía y otras y llamó a una pléyade de pensadores y traductores musulmanes y judíos para trabajar en ella, bajo su mando y supervisión personal.

Según los historiadores, trajo también a varios de estos especialistas a su palacio, con el propósito de seguir de cerca el proyecto de la Escuela de Toledo para la Traducción de las Ciencias Árabes y superar sus aspiraciones. La fama de esta escuela trascendió las fronteras y tuvo un eco importante entre muchos académicos occidentales quienes acudieron a ella con el propósito de adquirir las ciencias árabes e islámicas. Huelga decir que fue muy significante el proyecto del rey Alfonso X para el orientalismo español.

¿Dónde reside pues la importancia de este proyecto para el orientalismo español?

Cuando Alfonso ordenó la construcción de la escuela, y apoyó este proyecto personalmente, brindó al orientalismo español importantes posibilidades para su establecimiento y organización. Y cuando ordenó la transferencia de las ciencias musulmanas al castellano, en lugar del latín, expresó a los orientalistas españoles su postura personal y empeño en componer en este idioma, contribuyendo así, tempranamente, en reducir el poder del control latino y teólogo sobre ese orientalismo y haciendo posible que este orientalismo pudiera tener grandes oportunidades de desarrollarse entre todos los intelectuales de su época, a pesar de su reducido número.

Para responder a la pregunta, no debemos perder de vista el significado de esta pasión real por el Islam y sus ciencias, de la que hablan sus historiadores y estudiosos. Dicho interés – en ese período – traduce la necesidad de España a la medicina, la aritmética, la geometría, la astronomía y la literatura musulmana, y la necesidad de que el orientalismo español se mantenga al día con ese objetivo. La  obsesión española por formar su propia identidad y los mecanismos de esta configuración fueron un gran impulso. Y en este marco esas diversas ciencias y letras no eran ajenas a este autoidentificación, sino que propia. Por lo tanto, la importancia no era acordada al Islam y a la lengua árabe sino que estaba centrada en la identidad occidental con sus componentes cristianos y helenistas. Así, durante estas dos etapas, la traducción se centró en el conocimiento del Islam con el fin de enfrentarlo, negarlo y abolirlo a veces, así como aprender parte de su cultura y asimilarla otras veces, en el marco de una estrategia de determinación de la identidad española cristiana en contraposición al Islam y a Oriente a quien se temía.

Mohammad Abdelouahed al-Asri, El Islam en las percepciones del orientalismo español de Raimundo Lulio a Asín Palacios, Biblioteca General del rey Abdelaziz, Ryad, 2003.

الإسلام في تصورات الإستشراق الإسباني من ريموندس لولوس إلى أسين بلاثيوس، الدكتور محمد عبد الواحد العسري، مكتبة الملك عبد العزيز العامة ، الرياض 2003