Sin la menor duda, plantear el tema de la ceremonia de recepción y despedida de los embajadores nos exige remitirnos al grado de avance y civilización que alcanzó al-Andalus en todos los aspectos de la vida y entre ellos, las reglas y principios de la diplomacia, incluidas las ceremonias de recepción de los embajadores. Esto se puede observar claramente en la época del califato omeya en al-Andalus (928-1031 d.c.), de modo que seguiremos la instalación de una de las embajadas para poder  descubrir este aspecto en la época precitada.

En el año 947, llegaron a Córdoba los apóstoles del emperador romano y dueño de Constantinopla Constantino el Grande, cargados de obsequios, y fueron recibidos por Abderrahmán III en una suntuosa ceremonia  para que fuera un día memorable. La ceremonia fue descrita por varios historiadores como veremos.

Dice Al-Nabahi al respecto: «Cuando Al-Nasser celebró, en el Palacio de Córdoba, la llegada del mensajero del Rey de Roma, Constantino el Grande, una celebración que recordaría todo el pueblo, quiso traer a oradores y poetas que vanagloriasen su majestuosidad y su esfuerzo por consolidar el califato en su estado. Su hijo y príncipe heredero, al-Hakam se encargó de preparar a los predicadores y ordenó a su gobernante, el alfaquí Muhammad ibn ‘Abd al-Bar al-Kisnayani, conocido por su habilidad en la redacción de discursos, preparar un elocuente discurso que daría ante el Califa, durante el Consejo Real. Ante la majestuosidad del califa, este último no pudo pronunciar palabra alguna y se cayó desmayado al suelo. Frente a dicha situación se pidió al gobernador Abu Ali al-Baghdadi Isma’il ibn al-Qasim, remediar la situación. Sin embargo, este último, a su vez, quedó sin palabras hasta que tuvo que intervenir Mundhir Ibnu Said, conocido alfaquí que presenciaba el acto. En este día ilustre, al-Nasser celebró una reunión en honor a los embajadores. Fue dispuesto el cuerpo de las fuerzas armadas, llevando sus armas y vistiendo sus mejores uniformes y adornos, fueron dispuestos asientos para los hijos, hermanos, tíos y demás familiares, y se acomodaron los ministros y el servicio en sus puestos, preparándose todos para recibir a los mensajeros quienes se quedaron boquiabiertos ante tal organización y se acercaron para leer el mensaje que traían. En esta ocasión, el califa ordenó a sus mandatarios dirigirse al foro y leer un discurso alentador que ponía de realce el Islam y el gobierno del Estado, agradeciendo la gracia de Dios, cosa que cumplieron”.

Al-Maquarri, por su parte, describe la ceremonia tal como sigue: “al-Nasser se preparó para recibir a los embajadores y ordenó que todo el mundo se preparase para la ocasión, de una manera elegante y gloriosa. Salió a su encuentro, en Bujía, Yahya bnu Mohammed bnu al-Laith y cuando se acercaron a Córdoba fueron recibidos por un gran número de gobernadores. Se hospedaron en la residencia del príncipe heredero al-Hakam, en Córdoba y se les impidió reunirse con la plebe. Se dispusieron 16 hombres a la puerta del palacio, hasta que llegó el califa Al-Nasser desde el Palacio de Medina Azahara. Se les invitó a permanecer once días en el palacio”.

Ibrahim Mohammed Al-Mustafa, Las embajadas de al-Andalus a los Reinos de Europa, Biblioteca de la cultura religiosa, 1° Edición, Cairo, 2012.

سفارات الأندلس إلى ممالك أوروبا، إبراهيم محمد آل مصطفى، مكتبة الثقافة الدينية، القاهرة-2012 الطبعة الأولى