La ceremonia de bodas en al-Andalus se sometía a un largo proceso de preparación como la entrega de la dote, la preparación de la novia, la compra de lo necesario para el banquete de la fiesta, etc. Los investigadores, partiendo de antiguas de fuentes bibliográficas, insisten en que la sociedad andalusí era muy cautelosa en la elección de la fecha y horario de la ceremonia, hasta tal punto de acudir a los clérigos y astrónomos. La superstición era muy común entre los habitantes de al-Andalus, tanto entre las capas populares como los más nobles, por lo que la fecha del casamiento no podía coincidir con la fiesta de “achura”, tampoco en invierno o durante el mes del Ramadán. Al contrario los jueves y sábados eran los días preferidos para dicha celebración. Otra superstición tenía que ver con el hecho de acompañar las viudas el cortejo nupcial, que era de mal augurio. Por otra parte, la novia tenía que llorar, demostrando su pena por su familia, un acto que le traería buena suerte.

Las bodas, como es sabido, eran festejos muy relevantes en la sociedad andalusí, a los que se otorgaba mucha importancia. El siguiente fragmento de la obra Kalaido al-ikian wa mahasino al-a’yan (قلائد العقيان ومحاسن الأعيان) de al-Fath b. Hakkan es un testimonio elocuente a cerca de la ceremonia de matrimonio del príncipe de Zaragoza al Mo’tasim billah con la hija del visir de Valencia conocido como Abu Bakr b. Abdel-aziz. Nos cuenta b. Hakkan que el chambelán judío Abu al-fadl fue quien escribió y envió las invitaciones a los nobles del reino quienes no se resistieron en acudir a la boda que estuvo en boca de toda la población de Zaragoza. Por otro lado, el poeta Ibn Zaidún nos relata cómo fue la boda de al-mohtadid Billah con la hija de Mujahid que duró siete días.

Hay que señalar que el matrimonio entre personas de diferentes linajes no era bien recibido entre los andalusíes originarios, aunque el novio fuese de recursos. La cuestión del linaje y la descendencia era mucho más importante y fundamental en la elección del novio. Ibn Hazm, en su epístola Naqt al-ʿarūs (نقط العروس) o “Bordado de la novia”, critica acremente algunos matrimonios contraídos entre las mujeres de la tribu de Bani ‘Amir con hombres de descendencia deshonrada. Esta cuestión concernía especialmente a las mujeres y no a los hombres, puesto que el hombre podía casarse con esclavas o bereberes o cualquier otra mujer. En lo que se refiere a los ámbitos educativos, los maestros solían casar a sus discípulos con sus hermanas o hijas u otro miembro de su familia.

Tras la caída del califato en al-Andalus y la aparición de los reinos de Taifas, los matrimonios entre familias eran muy comunes con el objetivo de preservar las riquezas y los estatutos sociales y políticos.

Los registros judiciales de al-Andalus incluyen un número significativo de documentos que regulan de la vida conyugal con precisión. Algunos de ellos nos remiten a las condiciones que le imponía la novia a su marido entre las cuales figuran las siguientes: no casarse con otra mujer, no copular con esclavas, no ausentarse del hogar por un período largo, no prohibirle la visita de padres y parientes; además de otras condiciones que tenían que ver con el estatuto social de la mujer, como el hecho de garantizarle empleados domésticos si fuese de familia noble. Dichos documentos finalizan siempre con el compromiso del marido hacia su mujer, asegurándole una buena convivencia, un trato afectuoso y compasivo, o en el peor de los casos disolver el matrimonio de la mejor forma si no llegasen a un entendimiento.

Los referidos escritos testimonian el grado de conciencia de las mujeres en al-Andalus y su orgullo propio de ser eficientes al lado de su marido y las precauciones tomadas por miedo a la extorción y el desprecio que podrían padecer por parte de este último.

Abdallah b. Balkin, en sus memorias bajo el título de At-tibiyan (التبيان), nos relata su opinión en torno a la elección del marido de su hermana; nos cuenta cómo había consultado la opinión de ministros y notables acerca de la cuestión y cómo lo aconsejaron con la elección de quien no representase peligro para el trono, una prueba más de que los matrimonios eran calculados y no al azar.

Sin embargo, los sentimientos también tenían un papel importante en los matrimonios, el amor fue la causa directa de muchos casamientos como fue el caso del enlace entre Ar-ramikiya y al-Mu’tamid quien se enamoró perdidamente de su inteligencia y belleza y con quien se casó tras pensar que era la mujer ideal para él. Como fruto de ese amor, el lugar que ocupó Ar-ramikiya en el corazón de su marido y la influencia que ejerció sobre él, soportando a su lado los tormento del alma, la miseria y la pobreza.

Sanae Chairi, La mujer en al-Andalus, Ediciones Centro de Estudios Al-Andalus y Diálogo de Civilizaciones, 1° Ed.

 المرأة في الأندلس، سناء الشعيري، منشورات مركز دراسات الأندلس وحوار الحضارات، الطبعة لأول.