La política de Al-Mansor hacia la comunidad andalusí se caracterizaba, en general, por un interés precavido. Desde los primeros momentos de su mandato, tuvo que enfrentarse a ellos y por lo tanto reaccionó de la manera más cautelosa, tal como lo requerían las circunstancias, aunque, por otro lado, no dejaba de defender la cuestión andalusí en los foros internacionales y buscaba aliados para llevar a cabo su plan de asistencia a los moriscos dentro de España y ​​facilitarles el traslado a Marruecos. En otras palabras, Al-Mansor proporcionaba todo su apoyo a los miembros de esta comunidad, siempre y cuando operasen bajo su autoridad y no lo ponían en peligro, absteniéndose a  aliarse con sus enemigos, especialmente los turcos. En el caso contrario, una simple muestra de tener ambición por el poder era correspondida con un enfrentamiento.

Al-Mansor se aseguró de las intenciones ocultas de los líderes andalusíes y de sus relaciones con los turcos. Lo cual se hizo más evidente inmediatamente después de la Batalla de Oued al-Makhazin o batalla de los tres reyes, y durante la revolución de su sobrino Daud Ibn Abdelmunim, dado que querían nombrar a un líder en Marruecos, lo que se convirtió en una conspiración andalusí con protección turca, que Al-Mansour decidió resolver desde el principio.

Entre las personas con quienes Al-Mansor fue prudente, se encuentra Said Ibn Faraj Al-Daghali y su sobrino Muhammad de cuya conspiración se dio cuenta Al-Mansor aún estando en Suss. Después de la citada Batalla, llegaron las tribus desde Suss a Marrakech y de allí a Fez, con el objetivo de felicitar al nuevo Califa, mientras que Al-Daghali permaneció en Marrakech con la intención de emprender una revolución. Sin embargo, bajo la presión de las tribus, se vio obligado a acompañarlos a Fez aunque estuvo maniobrando para alejarse de Al-Mansor.

El morisco Muhammad Zarkun al-Kahia, fue otro con quien Al-Mansor fue cauteloso, además de Abu Al-Fadl Al-ghari. Ambos fueron tan peligrosos como el primero y tuvieron por lo tanto el mismo final. Su asesinato fue una gran victoria para la política de Al-Mansor, visto el gran cargo que ocuparon en el Estado y su constante relación con los turcos, según nos relata Abdul Aziz Al-Fushtali en Manahil as-Safa (مناهل الصفا).

Milouda Hasnaoui, “Los moriscos de Marruecos en la moriscología española: una causa bajo varias miradas” en Los moriscos, cuatro siglos después de la expatriación, Coordinación de Rahma Hadri, Publicaciones del Centro de Estudios al-Andalus y Diálogo de Civilizaciones, Rabat, 2015.

الموريسكيون. أربعة قرون بعد التهجير (بتصرف)، «موريسكيو المغرب في الموريسكولوجية الاسبانية قضية واحدة ورؤى متعددة»، ميلودة الحسناوي، منشورات مركز دراسات الأندلس وحوار الحضارات، 2015.