Hemos llegado a la conclusión de que los habitantes de al-Andalus, incluyendo las islas orientales, aspiraban a la unión y a estar bajo el dominio de los almorávides. Decisión que fue apoyada por los súbditos. Dicha conclusión fue el resultado del estudio de las fuentes bibliográficas y no mediante un sondeo ya que es prácticamente imposible.

Las fuentes históricas confirman que la mayoría de las ciudades de Marruecos y al-Andalus apoyaron la autoridad política de los almorávides y les ayudaron a unificar los territorios marroquí y andalusí. Lo que demuestra el apoyo de los súbditos a los nuevos gobernantes. De ahí, la cuestión no tiene que ver con la aversión al nuevo poder, sino que se debe a otros aspectos relacionados con la doctrina, la religión y el estado general de la sociedad además de la naturaleza del nuevo poder y de los medios que adopta en la ejecución de su soberanía. Ibn al-Jatib, en sus escritos, deja huella de la posición del pueblo andalusí tanto en las zonas urbanas como rurales ante la llegada de los almorávides y su política de unificación del estado.

Pese a la fragmentación política de la que padecía el pueblo andalusí durante la época de los reyes de Taifas, el pueblo andalusí se sentía como un pueblo sólido y unificado. Mhammad b. ‘Aboud en su estudio del nacionalismo andalusí concluye que la sociedad andalusí era “una sociedad unida  cultural y lingüísticamente, no sólo eso sino al someterse al poder de los almorávides venidos de Marruecos sentía que formaba parte de la Ummah islámica en general y parte del occidente musulmán en particular.

En lo que al sentimiento de unión se refiere, es una impresión propia de todas las sociedades islámicas, en cualquier época. La universalidad del Islam, ha sido, sin lugar a dudas, el origen de este sentimiento; la sociedad musulmana nunca ha dejado de sentir esta pertenencia a un mundo unido, a pesar de la fragmentación política de la que padeció. Ni las diferencias, ni los conflictos locales y nacionales han podido frenar este sentimiento; la religión, la cultura, la ciencia y el comercio constituían factores que prevalecían por encima de todo. Al igual que internet, estos factores destruyeron las fronteras entre las entidades políticas que estaban distribuyendo el mundo islámico.

El andalusí viajaba a Marruecos, Túnez, Siria, Iraq, Egipto o cualquier otro país de la región que correspondía geográficamente al mundo islámico e incluso podía instalarse en alguna zona definitivamente o por un período determinado con toda libertad de movimiento ya que estaba dentro del mundo islámico, fruto sin duda alguna del sentimiento de pertenencia a una sola nación.

Partiendo de esta mentalidad, los andalusíes, como hemos señalado en líneas anteriores, no sentían la fragmentación política vivida durante el reinado de las Taifas como un obstáculo para comunicarse entre ellos. Se movían de Córdoba a Almería o Toledo, y de Murcia a Sevilla, etc. sin prestar importancia a los gobernantes puesto que estaban en un entorno islámico, un territorio que hasta hace poco estaba unificado. Por entonces, el mundo islámico no reconocía las fronteras trazadas por los reyes de Taifas y no cabe duda de que los propios reyes estaban conscientes de ello y que las fronteras que habían impuesto no les servían más que para la imposición de los tributos o en los consejos de poesía y jubilo como muestra de orgullo hacia sus reinos.

Azzedine Guessous, La posición de los súbditos ante el poder político almorávide en Marruecos y al-Andalus, Afriquia as-shark, 2014.

 موقف الرعية من السلطة السياسية في المغرب والأندلس على عهد المرابطين، للدكتور عز الدين جسوس ، أفريقيا الشرق 2014.