Desde el establecimiento del emirato de Abderrahmán I, la casa omeya no designó sus ministros tal como era costumbre entre los abasíes en Oriente, sino que se basó en su elección sobre los miembros de las familias que les eran leales. En un primer momento, se limitaron a los Beni Omeya y sus descendientes, y más tarde se incluyeron otras familias, algunas de las cuales eran árabes, muladíes y mozárabes a veces, además de los bereberes que eran numerosos.

Aquellos hombres no tenían un título o función específica, e incluso el mando de los ejércitos era llevado a cabo por los mismos príncipes o, en algunos casos, por súbditos con el título de comandante, sobre todo en tiempos de campaña. Sin embargo, la aparición de personalidades impresionantes como Abdel-Krim b. Abdel-wahed b. Mogiz e Isa b. Chahid hizo que se les otorgara un título fijo en reconocimiento a su excelente labor. Así pues, Isa b. Chahid fue nombrado comandante,  mientras que b. Mogiz fue nombrado comandante del ejército de forma continua además de chambelán con todas las particularidades que implica este puesto en Oriente. De este modo, el puesto de chambelán en al-Andalus equivalía al de ministro en Oriente, convirtiéndose el chambelán en la segunda persona más importante del estado, después del príncipe.

A cada uno de esos miembros se les asignaron determinadas competencias administrativas y un título; al encargado del dinero se le nombró tesorero, a quien vela por la seguridad del estado, policía, al jefe de construcciones, director de trabajos públicos; y el puesto de ministro, que era más bien un título honorífico, fue relacionado con una función particular, de modo que encontramos a b. Chahid liderando los comunidades y es llamado ministro comandante, Yusuf b. Bajt, encargado de gestionar el dinero y es llamado por lo tanto ministro tesorero, y Mohamad b. Salim encargado de los legados y adopta el título de ministro de las herencias, y así sucesivamente.

Posteriormente, en época de Abderrahmán II, por una parte, el puesto de ministro equivale al que conocemos en nuestros días con sus cargos y responsabilidades y por otro lado, el chambelán se convierte en primer ministro, el cargo más alto de los ministros. Su función consiste en reunirse diariamente con el Príncipe y en discutir con él sobre distintos temas, también con los demás ministros en una casa privada, conocida como “la casa del ministerio”, donde se reúnen en un cierto orden y en forma cíclica, sentado cada uno de ellos encima de una almohada, siendo la del chambelán la más alta. Cada uno de los ministros tiene su propio secretario y gabinete. Estudian diferentes asuntos y toman las decisiones pertinentes que el chambelán se encarga de exponer al príncipe. Una vez conforme este último, se entrega a su gabinete para ser redactada en su forma jurídica correspondiente y se presenta de nuevo al príncipe, por parte del ministro que la propone, para poner su sello y el del estado y para ser emitida como los decretos de hoy día, y entre en vigencia a partir del día de su emisión.

Las funciones de los ministros se multiplicaron, aparece por ejemplo el ministro de la caballería, encargado de preparar los caballos necesarios para el ejercito, además de otros ministros sin función determinada, asignados al palacio, a quienes el príncipe podía encomendar tareas varias a quien quisiera.

Todos ellos gozaban de pleno derecho de reunirse con el príncipe y conversar con él. Además, sus familiares e hijos eran atendidos por este último y en caso de la muerte de algún ministro, su hijo ocupaba su puesto, incluso en caso de no tener las suficientes facultades para desempeñar sus funciones, se le asignaba un ayudante. Todo ello con el objetivo de ganarse la lealtad de sus ministros e imitando el modelo europeo de los reyes cristianos quienes estaban rodeados de nobles. Sin embargo, el príncipe tenía también derecho de echar a sus ministros en caso de cometer alguna impertinencia o de cambiarles de ministerio, etc.

Hassan Mohnis, - Historia de Al-Andalus, Ed. Maqtabat an-Nachir ad-Diniya, 2° Edicion, 2006.

عن موسوعة تاريخ الأندلس، بتصرف، حسين مؤنس، الجزء الأول، مكتبة الناشر الدينية، الطبعة الثانية 2006